Wenceslao Cruz Blanco

Wenceslao Cruz Blanco

«La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla.»

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domingo, junio 25, 2006

Chávez y su nuevo «Ejercito Libertador»

El gobernante venezolano Hugo Chávez acaba de rebautizar al ejército venezolano como Ejército Libertador, la misma denominación que Simón Bolívar utilizó durante la guerra de independencia de España. Con este nuevo cambio el beneficio para una sociedad venezolana más descontenta, más sumida en la pobreza se hace evidente: ninguno; pero para el autócrata gobernante, el cambio de símbolos, de nombres a instituciones, etc., constituye el clímax de su concepción de lo que es dirigir una nación.

La “importante” noticia la ha hecho conjuntamente con el anuncio de relevo de su hasta ahora ministro de defensa, el vicealmirante Orlando Maniglia, un fiel militar y amigo que le presentó su dimisión el pasado marzo y que fue divulgada por el diario “La Verdad” como primicia nacional. Las razones de la sustitución es la negación del vicealmirante a incrementar la enemistad con los Estados Unidos, y que al parecer hechos como la salida del agregado naval de Washington en Caracas, John Correa, la investigación en contra de militares venezolanos por presunta conspiración y traición a la patria, y el congelamiento de la cooperación antidrogas, pesaron negativamente en la consideración del ex ministro de defensa para permanecer en el puesto.

Lo que al parecer desconoce el Sr. Maniglia es que para Chávez es imprescindible actuar así. El discurso de alguien destinado a eternizarse en el poder por cauces antidemocráticos ha de llevar altas dosis de demagogia para poder contrarrestar la nula o mala gestión gubernamental. La irracionalidad de justificarse en un enfrentamiento entre naciones para ocultar la carencia de proyecto para bien de los venezolanos y para camuflar un propósito caudillista y de sometimiento a un pueblo, sólo puede ser obra de gobernantes ambiciosos pero incompetentes.

El cambio de nombres a instituciones, cambio de banderas y escudos es sólo el principio de otros muchos que vendrán. La justificación de las peores dictaduras -históricamente- siempre ha tenido el ingrediente de achacarle la culpa de los males a una razón externa, para ello es muy importante ayudarse de símbolos y nuevos conceptos para alimentar un nacionalismo comprometido con la misma idea que permita justificar una represión interna contra los que - por definición, nunca por racionalidad- estarán al servicio de ese supuesto mal externo.